LA BOLUDEZ NUESTRA DE CADA DÍA

Una cosa es la excentricidad, la originalidad, la personalidad, el estilo, el rasgo, el sesgo, el oportunismo y otra cosa las boludeces.

No a todos les gusta, pero la verdad es que el Presidente puede ser excéntrico y hablar con sus perros muertos por ejemplo.

Puede ser original y plantear la idea, el abstracto de la libertad en un país “estatal” como Argentina.

Puede tener e incluso abusar de una personalidad confrontativa con instituciones y corporaciones de la política.
Puede tener y abusar de un estilo atrevido.

Puede tener y abusar de rasgos más o menos autoritarios, más o menos reñidos con “las buenas costumbres” de la sociedad.
Puede tener y abusar de un sesgo transgresor de sus formas.
Puede presentarse como un oportunista y abusar de ello incluso usando al extremo el margen que le dejó el fracaso de sus antecesores.

Lo que no puede es hacer boludeces. E involucrar al gobierno y al país en esas boludeces.Y menos, hacerlas todos los días.
O sea, que Milei haga lo que tenga o lo que vino a hacer, para eso quiso ser y es Presidente, pero prescindiendo de las boludeces.

Porque le falta mucho pero mucho mucho para entrar en la Historia. Y entre las cosas que le faltan son los resultados. Por lo menos los apreciables para la gente. Mientras tanto los consigue lo mejor es no hacer boludeces y menos a repetición.

Su acción de gobierno derrumbó la inflación a niveles que todavía son de escándalo y lo hizo mediante un sinceramiento de precios que reflejó el verdadero nivel y características de la pobreza en Argentina, ayudada por una hiperrecesión por la desaparición de un tercio de salarios y consumo y una baja de tasas que pulverizó un cuarto de las tenencias de miles de pequeños ahorristas del sistema formal, entre otras calamidades de la que no es culpable aunque sí responsable.

Debería guardar entonces cada gramo de energía política porque la va a necesitar algún día cercano cuando se encuentre con la realidad.

Contrariamente a lo que él y sus acólitos creen, falta mucho entonces, pero mucho mucho, para que Milei entre en la historia. Para empezar, le faltan resultados. Si todavía no ha podido sacar una ley que no sirve para nada, una ley a la que la realidad ya la pasó por arriba.

Por eso es que tal vez mientras los resultados llegan, quizás se sienta mucho más cómodo en su rol de panelista (ya conoce el trabajo) en reuniones internacionales a las que viaja en el maldito avión de Alberto que pagamos todos con esos malditos impuestos.

Es más, puede hacerlo.
Pero que no haga boludeces.